Hay muchas y variadas formas de maltratar a una mujer.
Este Manual no abordará el maltrato físico o verbal, sino que le enseñará una forma muy sutil que involucra los aspectos sicológicos y emocionales de una relación. Esta es la más acertada y letal de todas las formas de maltrato, pues sus efectos son paulatinos y poco evidentes, no deja ojos morados ni manchas de sangre, y nadie podrá mandarlo a la cárcel por este motivo.
Este Manual está destinado únicamente a los hombres que deseen aprender a maltratar de forma profesional a dos tipos de mujeres:
- A las que se lo merecen. Es importante que usted encuentre razones de peso para pensar que una mujer se merezca ser maltratada de esta forma. Por ejemplo, si ella le rompió alguna vez el corazón de forma premeditada e intencional a alguien que usted apreciaba, o si se lo rompió a usted mismo, sólo que esta vez los astros se han alineado para darle la oportunidad de una justa revancha.
El simple hecho de que una mujer sea estúpida no es considerado una razón de peso para maltratarla.
Adicionalmente, a una mujer no se la debe maltratar porque se puede, sólo porque usted ha adquirido este Manual y quiere poner en práctica sus dotes de maltratador profesional.
- A las que les gusta. Si la mujer disfruta de ser victimizada (es decir, si posee el complejo “oh morelia”) y usted disfrutaría al convertirse en su victimario, este escenario ganar-ganar posibilita la utilización efectiva de este Manual.
La mujer debe consentir expresamente su disponibilidad y gusto de ser maltratada, y no deberá asumir usted en ningún caso este consentimiento mediante la interpretación de señales, que siempre pueden llevar a confusiones. Después de la expresión libre y voluntaria del deseo de ser maltratada, no se volverá a hablar sobre el tema. Nunca más.
**IMPORTANTE**: Si la mujer no encaja en ninguna de estas dos tipificaciones, absténgase de intentar llevar a cabo estos sencillos consejos. Su puesta en práctica acarrea una acumulación demal karma que no justifica en absoluto el placer momentáneo que podría producirle maltratar a una mujer en especial.
Más importante aún… una vez que se empieza no hay vuelta atrás, y si la mujer en cuestión ha adquirido el “Manual para maltratar a un hombre”, lo más probable es que la interacción se convierta en una lucha que únicamente terminará con la muerte (metafórica o literal) de una o ambas partes.
Antes de empezar con el maltrato en sí mismo, usted debe habilitar el escenario para que éste pueda producirse efectivamente. Usted debe crear una relación con la mujer en la que sea posible que todos estos consejos puedan ser puestos en práctica, y la clave en esta etapa es el humor. Empiece con bromas ligeras, dejando muy claro que se trata de un chiste (dígalas acompañadas de un guiño de ojo, y ciérrelas con una carcajada), pero poco a poco vaya agregándoles seriedad, hasta finalmente poder lanzar un comentario altamente ofensivo sin que la mujer sepa cómo reaccionar: “¿se trató de otra de sus bromas?, ¿está hablando en serio?”
Lo más importante en esta etapa, y, en general, de la puesta en práctica de este Manual, es lagradualidad. No espere comenzar con el maltrato intensivo al poco tiempo de tratar con la mujer. En un inicio, usted deberá mostrarse cordial, complaciente y muy dulce, y es posible, incluso, que deba permitir que la mujer lo maltrate a usted.
Antes de pasar al siguiente punto, hay una condición a priori para garantizar que la mujer no se aleje de usted dando un escupitajo y un portazo después de la puesta en marcha del ejercicio: usted debe lograr que la mujer se enamore de usted. O que se encapriche, como plan B. Únicamente de esta forma logrará que ella se quede a su lado y atraviese por las diversas etapas de maltrato que le sugiero.
Asegúrese de mantener con ella una relación ambigua. Dígale cosas como: “esto que tenemos no tiene título porque no quiero encasillar nuestra relación”; o “iremos construyendo lo nuestro conforme avancen los días“, e incluya las palabras “libre”, “especial”, “sin presiones”, “espontáneo” en su discurso. De esta forma se establece un juego de reglas difusas en el que puede exigir una entrega completa de parte de ella (“porque a la final estamos juntos y no puedes faltarme al respeto saliendo con otros tipos”) y no comprometer nada a cambio (“ubícate un poquito, bájate de la moto y quítate las espuelas, verás que eres mi novia ni nada parecido”).
Dígale que confía en ella, que sólo en su compañía se siente auténtico, que puede ser 100% sincero. Dentro de esta “sinceridad”, asegúrese de incluir comentarios que, aunque no vengan ni al caso y puedan herirla (deben herirla), ella tenga que mamarse y además darle gracias por su sinceridad y honestidad. Cuéntele de las otras mujeres con las que sale, ha salido y va a salir; dígale de frente qué no le gusta de ella, de su familia, de sus amistades, de su vida.
Llámela un domingo por la tarde. No importan los motivos, ni el tema de conversación, pero debe quedar muy claro que la está llamando un domingo tarde porque no tenía nada más interesante qué hacer. Repita expresiones como: “¡qué aburridos son los domingos!, ¿no?, no hay nada que hacer…”.
Describa con todo detalle cómo le gustaría verla en una cita. Diga, por ejemplo: “te quedaría muy bien un top blanco, con unos jeans azul oscuro apretados, y unos tacos altos. ¡Te verías muy linda!”
Cuando ella utilice este atuendo (porque, claro, está enamorada o encaprichada con usted y busca complacerlo), ignórela completamente, y dedíquese a admirar los atributos de otras mujeres que se encuentren en el sitio. En caso de no encontrarse en un lugar público, encienda el televisor y babee por las presentadoras de noticias.
Cuando ella tenga alguna atención con usted (ayudarlo en algo, hacerle un regalo, llamarlo a ver cómo está), reaccione con gratitud, pero con una marcada conmiseración, como si dijera: “pobre… harías cualquier cosa por mí, ¿no?”. Cuando ella deje de tener atenciones con usted (porque, y ponga mucha atención, usted le está condicionando a ocultar sus sentimientos para no mostrarse vulnerable) no dude en reprochárselo y en recordar a otras mujeres que son más cariñosas.
Confunda el nombre de ella… con el de otra mujer.
Invítela a comer. Si la mujer es delgada diga: “preguntarás dónde queda el baño, digo… para que vayas con tranquilidad a devolver tu lechuga -carcajada-”. Si la mujer tiene una contextura de normal a gruesa diga: “¿en serio te vas a comer todo eso?, ¿dónde te entra tanta comida? (obsérvela de pies a cabeza, deténgase en su cintura) ¡Ah, ya sé dónde! -carcajada-”.
Jamás le presente a su familia y a sus amigos/as. Asegúrese de encontrarse con algún/a conocido/a en un lugar público cuando esté con ella, y cuando suceda ponga cara de incomodidad y preocupación. Si antes del encuentro usted intenta evitarlo emprendiendo una visible y apresurada huída, tanto mejor. Recuerde, ella debe sentir que a usted le avergüenza su compañía.
Menosprecie los hobbies y talentos de ella. Si le gusta el deporte llámela “machona”; si le gusta leer dígale “ratón de biblioteca”; si le gusta pintar sostenga que todos/as los/as artistas son “jipis piojosos/as”; etcétera.
Sin importar cual sea la apariencia de la mujer, usted siempre gustará de exactamente lo opuesto (y, más importante, se lo recordará constantemente): si es delgada exclame que le gustan las mujeres llenitas, que se puedan abrazar. Si es normal o llenita, diga que le encantan las mujeres “estilizadas”. Si ella tiene el cabello negro a usted le fascinarán las rubias, etc.
Dígale que le gustan las mujeres difíciles, las que le dicen que NO pensando en un SÍ, las que le clavan una duda y hacen que usted quiera quedarse a su lado, porque si se pone fácil el amor se hace frágil y uno para de soñar… (dese el lujo de recitarle la canción de Arjona en-te-ri-ta sin que ella se percate). Si en algún momento la mujer quiere poner en práctica la recomendación, comete la osadía de hacerse la difícil y dice que NO a alguna de sus invitaciones, dígale que no hay ningún problema, salga con otra mujer y pásela excelente. Hágaselo saber. Con lujo de detalles.
El consejo final es que, en toda acción que usted emprenda, deje en ella la tenue esperanza de que está a punto de conseguir su objetivo, y de que si se esforzara un poquito más… se ganaría su corazón entera y eternamente. La clave es que ella nunca alcanzará su objetivo porque éste siempre se desplazará y se mantendrá dos metros (no más, no menos) delante de sus arrestos.
Ponga en práctica las recomendaciones de este Manual en repetidas ocasiones, hasta que, a fuerza de costumbre, la mujer asimile el maltrato casi sin resistencia.
Sin embargo, alterne estos consejos con gestos amables, dulces y apasionados, porque de lo contrario podría producirse una sobrecarga que echaría a perder todo el ejercicio.
Finalmente, logre interiorizas todas estas sencillas prácticas hasta que se integren a su accionar de forma involuntaria, para que pueda poner cara de sorpresa y mostrarse legítimamente ofendido cuando la mujer se atreva a reclamarle por alguno de estos comportamientos.
Si esto sucediera alguna vez (lo cual es improbable, por lo probado de la técnica, pero no imposible, porque la mujer puede intentar rebelarse, especialmente si tiene amistades suspicaces), repita frases como: “¿yooooo?”, “¿qué te pasa?”, “¡estás loca!”, y acúsela inmediatamente de paranoica y resentida social.
El proceso acaba cuando deba acabar.
Este Manual se encuentra en construcción. Si usted tiene comentarios, sugerencias o apuntes salidos de su propia experiencia, mucho le agradeceré que me asista en la edición final, dejándome su contribución en los comentarios.
Sé que eres una dama...borracha...deseosa...caliente...pero dama, para ti con todo mi amor, libre de impuestos.